domingo, 29 de diciembre de 2013

EL ARREPENTIMIENTO






EL ARREPENTIMIENTO








A modo de introducción.



En medio de la noche a ciertos hombres se les aproxima una Bestia que los despierta.
Llega un Buitre gestado desde la penumbra de sus propios remordimientos. Se posa sobre el alero de la cama y con sus graznidos le hace saber que es una inerme criatura a punto de ser devorada.
O se desliza una serpiente que muy próxima al oído dice frases soeces nunca antes escuchadas, y el propósito de esas visiones posiblemente sea que esos hombres tiemblen aterrados por lo indescifrable y quizás se arrepientan.
Hay diversidad de configuraciones para cada hombre que arrastra una culpa.
 
 
 
Todo vuelve, todo emerge.
Bajo el inexorable escrutinio del destino.
El toque en la madrugada en la puerta del inocente regresa  triplicado a la puerta de quien tocó.
Lo que se dijo con ferocidad, gira y se incrusta en la boca
de quien lo dijo.
¿ Lograran escapar de lo que ellos en determinado tiempo propagaron?
Quizás esta breve historia pueda darnos alguna respuesta.
 
 




 
Esta es la de quien fue un poderoso gendarme.
 
 
 




En el ocaso de su vida, las terribles visiones consistían en unos perros color Almendra con la ferocidad  propia que proviene de las más oscuras profundidades.


Aquellos perros iban escoltados  por una mujer que en su juventud pretendió ser dueña de su vida y que el gendarme por desamor y desidia  le colgó el alma, como había colgado las almas de otros.
¿Para qué oír un llanto, decía en los tiempos de la plenitud de su poder, cuando se marcha por las grandes avenidas esculpiendo a la historia?

 ¿Qué significaba una muchacha parada en la plaza de las grandes transfiguraciones?

El otrora poderoso gendarme llegó a la conclusión de que ella esperó su vejez y el asomo de sus primeros remordimientos,  para ahora, desde el otro mundo, conducir a esos fieros perros color almendra, y de esa forma consumar su venganza.
 
 


El otrora poderoso gendarme decidió acudir a la casa de Dios, porque ya no tenía  otro recurso que detuviera aquellas visiones. Antes de marchar, destruyó las condecoraciones que en tiempos pasados sus superiores le habían obsequiado. Sentía que con ese acto excavaba una fosa y enterraba definitivamente el acoso, la humillación y los refinados tormentos que aplicó a los que debió doblegar.
Además, ahora Dios había dejado de ser un peligro.

 
 

 










 













Caminó por los corredores de un apartado monasterio, luego fue a parar a una extensa huerta.
Tomó asiento en una banca y esperó.























El hombre que nunca había esperado,  que le desbastaba las horas a los otros, que pretendía interrumpir, jugar con el tiempo, martirizar a  los otros con el tiempo. Espero.







Y cuando estaba a punto de perder la paciencia, vio acercarse  un fraile cuyo rostro le resultaba familiar.




Ya frente a él le preguntó:
— ¿Nos conocemos? ¿Acaso no serás uno de aquellos?…
—Mi nombre es Mateo. Lo que fui ya no importa, señor. Soy quien soy.— Le dijo y agregó: — Sólo existe un hombre y una mujer desde los orígenes, con diferentes rostros,  diferentes vestimentas…


— No entiendo lo que dices. ¿Usted sabe quién soy ?…
Mateo sonrió.

— Claro que lo conozco. Eres el que busca respuestas. Lo esperába, todo estaba previsto para cuando algún día llegarás hasta aquí.
— Mira, sigo sin entender. Necesito que Dios o quien sea, me quite esas malas visiones.
Siempre creí haber sido un  buen ciudadano. ¿Me comprende? Es cierto que nunca dude con acabar con aquellos que  estaba convencido que eran enemigos del pueblo. Pero no fui el único. ¿Quién no lo hizo? ¿Quién no fue uno de los tantos percusionistas de aquella gran orquesta que marchaba encandilada a lo que hoy es el abismo?

Sabe, mi familia y mis amigos se avergüenzan de mí, diría que preferirían verme muerto. Estoy vencido, solo, y para colmo, vienen esas apariciones. Pero dime, ¿tú no serás uno de los que hube de dañar…

— No insistas en lo que pasó.  Contempla este campo y al sauce que tienes frente a ti. Ese árbol fue sembrado y ha crecido para cuando llegara en tu vida este momento. Lo único que debes hacer es recostar tu cuerpo a su tronco y unirte a su sombra. Este pedazo de tierra y ese árbol te darán calor como si fueras tocado por la punta de una estrella. Bajo sus ramas y  con la brisa que traza la tierra cuando respira, se desvanecerán esas malas apariciones.
Anda y comprueba...

— ¿Es tan simple? — Le preguntó extrañado
— Dios puede ser aún más simple. —Le respondió Mateo
El gendarme acató la sugerencia.

 





Mientras Mateo se alejaba de aquel paraje, lo asaltó la duda.
“¿Acaso este es el final en la historia de un hombre? ¿Podrá un campo y un sauce borrar toda la maldad que habitaba en él? ¿Un campo y un sauce? ¿Tan sólo eso?”
 

 
 

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