domingo, 4 de diciembre de 2011


ENCUENTRO CON JUAN GABRIEL VÁZQUEZ: PREMIO ALFAGUARA 2011

Por Alejandro Lorenzo.



La novela El ruido de las cosas al caer de Juan Gabriel Vásquez se inicia con la fuga y posterior caza de un hipopótamo del extravagante zoológico que era propiedad del abatido narcotraficante Pablo Escobar. Fue este acontecimiento inaudito que dispara los recuerdos del protagonista Antonio Yammara quien el 1995, conoce a Ricardo Laverde, individuo que ha pasado veinte años en la cárcel en Estados Unidos. Laverde, de quien se sabe que fue piloto, es asiduo de los billares donde Yammara, profesor universitario de Derecho, consume sus horas de ocio. Entre los dos se fraguará una amistad, no profunda, pero si lo suficiente solidaria para que una de esas tardes Laverde le pida con urgencia que le busque un sitio donde poder escuchar una grabación. Yammara lo lleva a pocas cuadras de lo que fue la casa del poeta Asunción Silva, ahora convertida en Centro Cultural, allí Laverde escucha conmovido las últimos momentos de los pilotos del avión siniestrado donde viajaba su mujer la norteamericana Eliene Fritts. Luego de oír las revelaciones de lo que sería la caja negra del avión, Laverde sale precipitado del Centro Cultural. Yammara lo sigue para saber lo que le ocurre y tratar de ayudarlo, a pocas cuadras del lugar, cuando Yammara lo llega alcanzar, unos sicarios en una moto disparan a Laverde, quien muere al instante y Yammara resulta herido de gravedad.
El peso y la intensidad de esta historia gravita en las reflexiones de sus protagonistas, como si el propio autor quisiera transmitir con afán casi obsesivo lo que aconteció con Ricardo Laverde y su familia, que definitivamente también representa lo que ocurrió en buena parte de la sociedad colombiana, y en particular, la generación, su generación, nacida en los inicios y dentro del auge de esa pesadilla que fue y sigue siendo
el narcotráfico.
Juan Gabriel Vásquez estudió derecho igual que su personaje, y luego de graduarse partió a Francia, donde se instaló por tres años en Paris, luego se mudó a un pueblo en Bélgica, y finalmente tomó residencia permanente en Barcelona. Es autor de dos novelas anteriores Los informantes y la Historia secreta de Costaguana.


En esta novela, Vasque ha querido que hablen las víctimas, gente común y corriente que no son héroes ni encargados de combatir o solucionar el conflicto. Tanto por parte de Yammara, como por Maya, la hija de Laverde, la tarea urgente es tratar de conocer la verdad de lo ocurrido, algo que resulta limitado y sin felices conclusiones. De ahí que en esta historia se respire aire denso de frustración e incertidumbre. También es una exposición a veces algo reiterada de traumas psicológicos, soledad desbastadora, y principalmente, el miedo en que parecen estar sumergidos los personajes centrales.
Puede que el lector le asalte la duda antes de leerla, de que el tema sobre el narcotráfico se encuentra ya saturado, e incluso agotado de tanto ser abordado por otros escritores. Esta inquietud se le preguntó a Juan Gabriel Vazquez, quien estuvo presente en la última edición de la Feria Internacional del Libro de Miami.




Es probable que el tema desde una cuestión puramente comercial se encuentre saturado, expresó, pero a mí personalmente eso no me preocupa, no escribo con el mercado en mente. Creo que toda novela responde a un conflicto y el conflicto relacionado con el narcotráfico ha marcado la vida tanto a nivel colectivo como individual de todos los colombianos, ahora eso ocurre en México, donde se produce mucha literatura basura sobre el tema, pero también aparecen obras de una gran calidad literaria. Como hubo de manifestar Mario Varga Llosa, los escritores somos aves de carroña, nos alimentamos de las situaciones difíciles y de lo peor que tiene nuestra sociedad. Mientras queden muchos conflictos sin entender, y nos quedemos sin llegar al fondo de lo que ha sucedido de forma colectiva e individual, siempre se escribirá sobre eso…
Esta novela premio Alfaguara 2011 puede también derivar en una interrogante: ¿Existe alguna sorprendente innovación en el plano narrativo o temático para merecer el galardón del prestigioso certamen?
Efectivamente, algunos aspectos tratados por Vásquez, hacen que rompa los patrones de lo que se conoce como la narco novela. Es una obra con pasajes y repases estéticamente facturados, de un marcado dramatismo existencial que convence, aunque se descubra que ha sido escrita desde la distancia, como
quien para no parcializarse con la realidad, la desenfoca en la lejania, y la instala cuidadosamente en
otra dimensión.
Sin embargo resulta curioso y algo incomprensible que Vásquez haya omitido de forma total, la guerra que ha librado por más de 50 años las guerrillas de la FARC, el ELN y el M19 ya disuelto, contra diferentes gobiernos colombianos y haya pasado por alto otros derivados o entrelazados entre sí, de ese prolongado enfrentamiento, como han sido los paramilitares, y la narco guerrilla.
Quizás esta ausencia sea un propósito deliberado por despolitizar y abreviar la compleja historia que ha querido contar. Pero los factores y los implicados en generar violencia en Colombia, resulta ser un monstruo antiguo y feroz con muchas cabezas, que cuesta trabajo, incluso dentro de la pura ficción literaria, pasar
por alto.
Los atentados del crimen organizado, como los perpetuados por la insurgencia política, causan la misma desbastadora destrucción en la sociedad colombiana, como en cualquier otra donde se halla perpetuado.
Esta novela puede advertir sobre el padecimiento de ese terror individual o colectivo que sienten ahora los mexicanos en los estados y ciudades dominados por la furia del narcotráfico, el mismo que cualquier ciudadano en Bagdad o Kabul puede sentir por la posibilidad de caer despedazado en cualquier espacio público por un atentado terrorista. El terror aun no superado que sienten, especialmente los neoyorquinos, luego del fatídico septiembre 11 ejecutado en las emblemáticas torres gemelas, esa mañana, en que el pueblo norteamericano, como en la novela de Vazques, les fue posible escuchar, parodiando el título de su novela, el ruido de las vidas de una nación, al caer


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