jueves, 4 de agosto de 2011

POSTUMO HOMENAJE





BREVE SEMBLANZA A LA MEMORIA DE ELISEO ALBERTO




Por Alejandro Lorenzo



El escritor Eliseo Alberto nació en La Habana Cuba en 1951 y el domingo 31 de agosto del presente año, en un hospital de México DF, partió hacia la eternidad. Partió cuando los que lo admiraban pensaban que ya estaba a punto de salvarse, porque tras años de galopante deterioro de su salud, por fin, se le había trasplantado el riñón que le faltaba.

Fue escritor y hombre afortunado, las palabras y los que la ordenan para convertirla en Arte, lo arroparon desde su nacimiento. Llevaba a cuesta la gran poesía de su padre Eliseo Diego y la de sus tíos Cintio Vitier y Fina García Marruz, un linaje que le valió para que su narrativa tuviera esa mixtura de lirismo, magia y crudeza que lo hicieron un singular novelista.

Incursionó en la poesía, en el periodismo donde desempeño como jefe de redacción de la revista literaria El Caimán Barbudo y luego, como Subdirector en la de Cine Cubano. Hizo guiones para la televisión y el cine, entre la que se incluye la cinta Guantanamera dirigida por el célebre director cubano Tomas Gutiérrez Alea.

Se inaugura en el campo de la narración con la novela La fogata roja (1983) y a su llegada a México donde fija residencia junto a su padre, se publica La eternidad por fin comienza un lunes (1992)

Pero es indispensable detenerse en Informe contra mí mismo publicado por Alfaguara 1997 que no fue su obra de mayor relieve literario, pero sí marcó un antecedente inédito de valentía en el panorama político y cultural cubano, al revelar bajo qué circunstancias y de qué manera espió a su padre por solicitud de la seguridad del estado cubano. Pudo habérselo callado, pudo editar su trayectoria política a su conveniencia como algunos intelectuales fuera de la isla lo han hecho, pero con seguridad estas acciones le hubieran restado autenticidad y dramatismo a ese testimonio tan personal.

Quizás le urgía demostrar ante el mundo que era capaz de ahuyentar para siempre aquel el pacto con un sistema siniestro que en una etapa de su vida hubo de establecer. Una necesidad imperiosa de despojarse de aquellas sombras que posiblemente lo atenazaban. Nunca se sabe si lo llegó a lograrlo del todo.

En aquel Informe, Eliseo Alberto demostró que no era un héroe como cierta gente exigen que otros lo sean por ellos, pero esa carencia de heroicidad, lo hizo más asequible en el orden humano y fácil de identificar como alguien que creía con vehemencia en la posible reconciliación nacional entre los cubanos.

Un año después aparecería su novela Caracol Beach dedicada a su amigo y mentor Gabriel García Márquez y a sus alumnos del Centro de Capacitación Cinematográfica de México, donde impartía clases y talleres para formar guionistas. Una historia en una ciudad imaginaria posiblemente enclavada en Estados Unidos o un país parecido, donde un ex combatiente internacionalista cubano que se escapa de la selva de Angola, anda desesperado en busca que alguien lo mate. Un emigrante solitario y acosado por un tigre que ruge únicamente dentro de su cabeza y que en sus delirios cree que lo busca para devorarlo. Una novela que según la introducción de la casa editorial española, trata sobre la locura, el miedo y el perdón, que gana el premio de narrativa de Alfaguara, compartido con el escritor nicaragüense Sergio Ramírez y su obra Margarita está linda la mar.

A partir de Caracol Beach y aquel premio que le abrió las puertas de las grandes casas editoriales y lo situaba entre los autores contemporáneos de importancia a nivel internacional, Eliseo Alberto emprende una
carrera vertiginosa, con títulos como La fábula de José (2000) Esther en alguna parte (2005) y El Retablo del Conde Eros 2008 para citar algunas de sus entregas.
Su ausencia es una dura estocada para la cultura cubana, porque fue un escritor y un hombre enfrascado en rescatar a esa cultura, sobreponiendo los antagonismos políticos que la desunieron, agrupando en un único espacio toda la historia de esa isla que era una prolongación de su propia existencia.
Sus cenizas regresaran y tendrán descanso en Cuba, pero Eliseo Alberto nunca se fue de Cuba, posiblemente aquella tenaz permanecía, fue la razón de ser como creador y quizás en parte su tragedia.




Lo único imperdonable es el olvido. Tarde o temprano, los cubanos nos volveremos a encontrar, bajo la sombra isleña de una nube. Hay que estar atentos: el toque de una clave se escucha desde lejos.

Eliseo Alberto Diego García Marruz

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