jueves, 10 de junio de 2010

Jesus de Armas el alma indocubana.

Jesús de Armas Gonzáles


Cronología de un Maestro de la pintura cubana contemporánea


Por Alejandro Lorenzo




Un redescubrimiento de un gran artista siempre es un acto de justicia. Varios, de un mismo artista, resulta un acontecimiento legendario en la historia del arte. Ahora en Paris se ha empezado a ejecutar otro redescubrimiento a Jesús de Armas González, gracias a familiares, amigos y admiradores, que han construido una magnifica web oficial y preparan un catalogo razonado sobre su trayectoria artística e intelectual.
Jesús de Armas nació el 8 de septiembre de 1934 en San Antonio de los Baños, Cuba, y murió el 20 de mayo de 2002 en Afortville una ciudad en las afueras de Paris, Francia.
Sorprendentemente poco se sabe de éste pintor en Estados Unidos y especialmente en Miami, ciudad donde convergen curadores, coleccionistas y mercaderes de todo tipo, adiestrados en el trasiego de las artes plásticas cubanas.
A mediados de los 60 Jesús de Armas Gonzáles arrojaba bobinas de papel y pintaba sobre ellas en los corredores de una mueblería convertida en atelier colectivo. (Belascoain y Neptuno). Era incasable, vehemente. La reiteración de lo efímero, adiestra. Arte gestual, con mucha influencia de Jackson Pollock y del español, Antonio Saura. Cabezas, torsos. Blanco sobre negro, quizás en algunos trabajos, sepia sobre blanco. Ahorro extremo del color y mucho dolor manifiesto. Lo que muy pocos conocían por aquella fecha, de que un mundo mágico, simbolista, estaba incubándose muy dentro de aquel pintor.
Es necesario precisar que por esa etapa Jesús de Armas no era un desconocido en el ámbito cultural, su firma en el género humorístico ya figuraba en casi todas las revistas y periódicos de la era republicana.
Un año antes del triunfo de la revolución regresó a Cuba luego de trabajar y estudiar en la meca del dibujo animado, Hollywood. Con la ilusión de hacer animados de vanguardia, ingresó en el recién creado Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica ICAIC y fue fundador y primer director del departamento de dibujos animados de dicho organismo. El Maná (1960) fue su primer corto y también el primero de ese género producido en Cuba.
Pero esos proyectos innovadores, unido a su personalidad rebelde, polémica, chocaron rápido con los cánones establecidos por los principales comisarios culturales de un gobierno que para esa fecha ya había propinado las primeras andanadas contra aquellos creadores considerados fuera del carril oficial.
Posiblemente derivado de uno de sus últimos cortometrajes Un hombre y un chivo (1966) Sátira en que un campesino trata de mover a un chivo, y descubre al fin que la testarudez y la fuerza bruta, no son el mejor camino para hacer avanzar las cosas, se retira o lo expulsan del ICAIC.
En el Salón de Arte Plástica celebrado en el 1970 en el Museo de Bellas Arte de la Habana, Jesús de Armas debuta con esa recreación grafica del reino aborigen Cemi, y da a conocer el resultado de sus múltiples incursiones por cavernas y asentamientos de los Tainos y Siboneyes.
Se abre otra ventana en el multidisciplinario andamiaje de la cultura cubana. Si Wilfredo Lam y Roberto Diago y más tarde, Manuel Mendive, basaron sus obras en el sincretismo afrocubano, Jesús de Armas procedía con las huellas dejadas por los primeros habitantes de Cuba.
El Salón 70 representó el salto cualitativo y también la ruptura con aquella etapa de experimentación y búsqueda, y la consolidación de un lenguaje propio que lo identificaría y lo consagraría internacionalmente al ser descubierto quince años más tarde por la investigadora Anne Tronche, cuando efectuó una visita de trabajo a la Habana y desempeñaba las funciones de Delegada de Artes Plásticas para America Latina del Ministerio de Cultura de Francia.
Corría el 1985 y en el Museo de Bella Artes se celebraba el anual salón nacional de artes plásticas de la Unión de Escritores y Artista de Cuba, donde Jesús de Armas mostraba una serie de piezas antológicas. Anne Tronche pasó revista a las obras allí expuestas y consideró que de todas las que había contemplado, las de Jesús de Armas le parecían excepcionales. Cuando la funcionaria francesa les preguntó a los homólogos cubanos donde podía contactar personalmente al pintor, estos hicieron todo lo posible para que no se produjera dicho encuentro. ¿Por qué esta conducta mezquina contra este artista?
En Cuba el pintor Nicolás H Lara, ahora radicado en Nueva York, poseía una hipótesis fatalista que proporcionaría una respuesta a esta pregunta. Según él, el Poder, cualquier poder, en cualquier sociedad y bajo cualquier sistema político, eligen, enaltecen, levantan a la gloria, a unos artistas que ellos consideran patrimoniales, en dicha selección no hay parámetros establecidos, como no existen cuando el Poder decide dejar a otros en el desamparo absoluto. Al parecer Jesús de Armas clasificaba como uno de esos últimos.
Gracias a un celador del Museo, que le proporcionó la dirección del humilde apartamento donde residía el artista, Anne Tronche pudo finalmente conocerlo.
¿Qué descubrió ese día Anne Tronche en cada pieza que Jesús de Armas una a una le fue mostrando? Que el artista sostenía una narración sintetizada, dramática, de la confrontación entre dos mundos, el de los conquistadores europeos, los llamados civilizadores y el de los indios cubanos, los menos evolucionados en ese extenso continente nombrado primero, el Nuevo Mundo y posterior America.
Se dio cuenta que aquel artista no era un frío compilador de imágenes a manera de grafiti rupestre que realizaron antes y en plena conquista los aborígenes, que de Armas encarnó en sus trabajos el espíritu de ellos, creía ser uno de ellos, veía el entorno, la cosmovisión ancestral , como si formara parte suya. Que su versatilidad obligaba a cualquier estudioso a tomar en cuenta otras asignaturas, porque Jesús de Armas además de pintor, fue también Espeleólogo, Antropólogo, Arqueólogo, y teórico de la estética.
Su pasión por el tema indo cubano era tal, que hasta hubiera arrastrado a su compañera Gilda Alfonso, a vivir permanente en el caserío de La Caridad de Los Indios en lo más recóndito de la Sierra Maestra en el oriente de Cuba, que según el pintor, era una de las pocas comunidades donde todavía vivían descendientes directos de los Tainos.









En el 1986 Anne Tronche escribe un extenso articulo titulado Jesús de Armas Signos de Cuba en la prestigiosa revista de Arte Opus Internacional Primavera .No 101 y el pintor que firmaba sus cuadros con el nombre de la calle donde vivía, Aguadulce, como si la misma fuera el centro del mundo, con aquel artículo, veía que se acercaba en su propio país el final de varias décadas de marginalidad.
En el 1989 el Ministerio de Cultura de Francia lo invita a la exposición colectiva de grabados en el Gran Palacio de Paris en conmemoración a los 200 años de la Revolución Francesa, junto a un grupo de artistas de renombre internacional.
Gran revuelo y sorpresa para los que encausaban en aquellos años la política cultural oficial, un desatino equivalente al que ocurrió con el caso del también esquinado pintor Tomas Sánchez cuando gana el XX premio internacional de dibujo Joan Miró 1980 o una década después, el famoso músico y compositor norteamericano Ry Cooder, otro extranjero, rescataría del olvido al grupo de músicos que integrarían la celebre agrupación Buenavista Social Club.
En el Taller de Serigrafía Rene Portocarrero se edita Guatahuba anunciando la tormenta y con aquella serigrafía, el pintor inelegible viaja a Paris y participa en dicho evento.




De regreso a Cuba, Jesús de Armas emprende una carrera contra reloj, debe pintar y dibujar intensamente porque ha sido invitado por La Casa de America Latina, en Paris, para una retrospectiva de su obra. Son años colmados de tensiones, terrores y desgaste emocional, en parte, producto de las regulaciones y trabazones migratorias que acostumbra a practicar contra sus ciudadanos la ineficaz burocracia gubernamental cubana.
Finalmente las autoridades le permiten marchar a Francia junto a su esposa y su hijo, y se efectúa la exhibición Carbonadas neo-tainas, donde el publico francés se enfrenta a una figuración inédita por lo misterioso de un mundo donde interaccionaban criaturas amenazantes, amenazadas, jinetes mitad humanos, mitad bestias, fálicos, que algunos chorreaban sangre y otros aspiraban y despedían humo cuando utilizaban con fines alucinógenos en sus rituales, las hojas del Tabaco. Un público occidental que entraba conmovido en un reino donde era difícil deslindar lo verosímil o inverosímil que dibujaron los aborígenes en su tiempo real, de lo que plasmó el pintor en sus lienzos. Aquella muestra se volvía un territorio despojado de la frivolidad folklorista y la visión complaciente que otros artistas cubanos concibieron únicamente para agradar a un sector de la sociedad, incapaz de enfrentarse al testimonio de una población autóctona, en el proceso in situ de su bárbaro genocidio.
En 1992 Jesús de Armas, según Anne Tronche, el pintor del neoexpresionismo mágico, con seguridad decidió dramáticamente no volver a su tierra.




Esta semblanza intenta demostrar que los grandes maestros no pasan al olvido, pueden que por un tiempo estén congelados en las oscuras despensas de la historia, que gobiernos y ministerios, por razones ajenas a la creación, traten de borrarlos, e incluso, que sus discípulos los oculten deliberadamente para no aparecer ante el público como burdos imitadores de su arte.
Los grandes maestros por medio de sus obras, sean muchas o pocas, estén o no cotizadas en el mercado, regresan no se sabe por qué misteriosos caminos. La luz que originaron, sobrepasa las fronteras, un día cualquiera nos despiertan y ante su inmensidad, de nuevo alcanzan a deslumbrarnos.

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