miércoles, 26 de mayo de 2010

10 años Del espacio utópico del Retorno

Alejandro Lorenzo: UN POEMA DEL RETORNO
por Madeline Cámara

Alejandro Lorenzo tiene los pies heridos de cansancio, pero su voz de poeta está henchida por los vientos y el salitre del mar que ha atravesado. Mi amigo Alejandro ya ha escrito el testamento de su ira y ahora puede dedicarse a construir utopías. Su texto en verso Antes y después del mar es el impresionante recuento de las ilusiones perdidas de una generación, pero sobre todo un testimonio personal desgarrador, una botella lanzada al mar, a ti lector, quizás también otro incierto navegante.
El largo poema que nos ocupará de inmediato semeja en su composición el canto de los rapsodas.
Está compuesto por 14 partes cuyas divisiones son temáticas y a la vez marcadas por un ritmo que va in crescendo. Se aprecian las influencias de la poesía en prosa de Césare Pavese, o el aliento cósmico del gran poema de Elliot La tierra baldía. El tema de ;Antes y después del mar; es el viaje, o mejor sea dicho, las estaciones que experimenta el viajante. Aquí aparecen los paisajes que dibuja la memoria: la tierra que queda atrás; o los paisajes que se entreveen desde el sueño: la tierra que se promete. Por último, como despedida, aparece un tercer lugar, para muchos quizás impensable: el espacio utópico del retorno, imaginado, deseado, ¿posible? Acompañemos un poco al poeta por este tránsito.
Del canto I al IV nos encontramos frente a un momento de juventud en que era primavera y yo larva que tropieza con un haz de luz. El hablante lírico, que no duda en identificarse con el Yo y que lector podrá, sin demasiadas dudas, identificar con el propio autor, recurre en sus descripciones a imágenes femeninas, maternales:;reino indescifrable , el de la matriz;. Eso era ;antes del mar, mucho antes. Otros versos de esta introducción son muchos más concretos en sus referencias epocales y nos recuerdan aquel otro libro de Heberto Padilla: Fuera de juego. Se ha acabado el tiempo del amor-placer en el canto IV, ;el tiempo en que seducíamos a las muchachas en los patios, y nótese como el hablante lírico pasa a la primera persona del plural para invocar un;nosotros; que se identifica con toda una generación, los intelectuales de los 80' que se ilusionaron con ciertas reformas bajo los vientos de la ;Perestroika; y que, finalmente, tuvieron que construirse cada cual su balsa perpetua. El saldo de esta parte, con su tono herido, nos prepara para la próxima estación: la llegada al país de enfrente.
El canto V funciona como un rito de pasaje, donde aun se escuchan las voces de las que quedan en la Isla no por fidelidad sino por temor, un ;ellos anónimo que cifra la venganza y la envidia de los que no entienden ni aceptan a los buscadores de ilusiones. A partir de aquí siguen cantos tristísimos, llenos de confesiones : Comprendo que estoy solo/ siempre estaré solo/como un elefante enfermo/ al que nadie quiere dedicarle un aplauso...;Comprendo que el mundo/ que he de recorrer /me une al borracho....Después del mar/ encuentro un loco... Apréciese en estas imágenes el símbolo del circo y a sus personajes como representaciones posibles del sentido de la vida que estremece al cubano de hoy, identificado con los marginales, ya sea dentro de la Isla, como fuera, cuando en ambas orillas se siente risible, frágil y rechazado.
Del canto VI en adelante entramos en la descripción de esta nueva y difícil estación del viajero.;Después del mar; arriba a una tierra firme ;que amamanta y envenena;, donde ;los amigos cuelgan los teléfonos;, donde el recién venido extraña sus rituales cotidianos:;Terminó mi época/terminó nuestra época;, resume con dolor. Pero no olvida rendir homenaje a los que han remado/con los brazos cansados;...aunque quizás un poco injusto y generalizador, como no debe nunca ser el poema cuando dice:La costa ha sido invadida/ ha sido profanada por los que aspiran a comer mermelada de frambuesas;. Triste destino el del hombre que tiene que atravesar el mar para cumplir tan humano y simple deseo.
Por último, el canto XIV nos reserva una conclusión:Si la tierra firme se pudre,/si la tierra del éxtasis no existe/el otro lado nos pertenece;. Aunque Lorenzo parece atisbar la posiblidad de un retorno real:He de volver./ He de dar marcha atrás./ He de emprender mi propia ruta./ No hay nada mejor que pisar de nuevo/una calle pedregosa y antigua;, prefiero interpretrar este retorno en un plano más espiritual y simbólico que lo sitúe en esa tierra prometida que María Zambrano aconseja construir al exiliado, donde le espera ;la libertad que se llevó consigo y la verdad que ha ido ganando en esta especie de vida póstuma que se le ha dejado.

1 comentario:

  1. Me alegra ver esta reseña de un libro tan significativo que ya nos pertenece. Sin dudas que el libro en sí mismo es un viaje, por el umbral y el desenlace de un destino, que de algún modo es el nuestro. Un destino que se consiente en predestinar un regreso. Un libro valiente y transido de belleza.

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