sábado, 20 de diciembre de 2008


18 diciembre
Exposicion
De la palabra a la plástica: dos artistas polifacéticos
ELENA IGLESIAS
Especial/El Nuevo Herald



C.M. Guerrero/El Nuevo Herald
'Jinete hacia el abismo", de Alejandro Lorenzo.

Empezó a escribir a los 18 años y hoy tiene 28 libros publicados, entre novelas, ensayos y poemas. ''Estoy feliz con mi obra'', dice el escritor y pintor cubano Carlos Díaz Barrios, que salió al exilio en 1980. Afirma además que siempre ha tenido interés por la pintura. ``De niño tuve la suerte de conocer a importantes pintores cubanos que me marcaron. Por ejemplo, mi abuela era amiga de Amelia Peláez y yo le llevaba casi todos los días a Amelia un dulce de su parte. Ella siempre quiso regalarme un cuadro, pero en esa época su pintura me parecía muy femenina y nunca se lo acepté. Hoy me pesa. Solamente al final, me regaló una jarra de cerámica azul donde tenía los pinceles, que siempre guardé con cariño''.
Para Díaz Barrios, pintar es como correr una ventana y ver como sale el sol. El artista ha pintado febrilmente desde el 2004, cuando un amigo le regaló unas crayolas y empezó a hacer unos dibujos que le gustaron. Luego hizo formatos más grandes, con técnicas más difíciles, temas más profundos y comenzó a usar acrílico y gouache. ''Empecé haciendo puro abstraccionismo, luego pasé a hacer una mezcla de expresionismo e impresionismo. Me salen unas figuras como de sueño'', asegura.
Muchas veces, en lugar de pinceles, el creador utiliza un hacha. ``El arte si no se agrede no es arte. Es como un ritual de agresión. La espátula es un hacha amordazada. Yo le quité la mordaza. Tratamos de evadir la violencia, la rabia, la impotencia, pero son elementos que nos tocan. Mi pintura sale como un grito; me cautiva; no me lo puedo explicar. Cuando empiezo a pintar tengo una idea somera de lo que voy a hacer, pero en el transcurso de la creación esa idea se complica y viene la gran sorpresa. La pintura tiene el poder de decir a través de imágenes, luces, transparencias, colores. Es libertad ilimitada. Me permite soñar, que es lo que necesita todo ser humano. Es como bajar a un pozo y encontrar en esa oscuridad, en el fondo de la tierra, los charcos del color''.
El también narrador, poeta y pintor Alejandro Lorenzo comparte el espacio de esta exposición con Díaz Barrios en la galería de Manuel Millares. Como escritor está trabajando en nuevos cuentos sobre el personaje que protagonizó su libro Jornadas de Mateo/Mateo's Progress. ''Estoy haciendo un trabajo multimedia, con los recursos de la computadora, un preámbulo para hacer en el futuro una proyección animada'', dice.
Como pintor, se aparta esta vez de sus maderas policromadas haciéndole una deferencia a la pintura emocional, que se forja de vivencias cotidianas, sin fines mercantiles. ``Es una pintura interior, que expresa estados de ánimo y reflexiones sin preocupación por el formato decorativo sino por la libertad fluida. Casi todos los personajes están contando una historia y ésa es la conexión que les veo con la literatura''.
Lorenzo viene de un taller en Cuba donde se reunían diferentes creadores en los años 70, época cuando el mercado del arte no existía. ''Había allí una explosión de arte, incluso con medios elementales. Pero en 1980 y 1990, el estado cubano comenzó a comercializar el arte, como el resto del mundo. El arte cobró un valor financiero además del estético y por primera vez se pudieron vender las obras'', recuerda el pintor. Cuando Lorenzo llegó a Estados Unidos en 1993, presenció el boom de los artistas que habían salido en esos años y como el mundo mercantil los había condicionado a la oferta y la demanda. ''Eso, cuando resulta desproporcionado, crea superficialidad y en algunos casos ha degenerado en la especulación y la inflación de los precios del arte, que no tienen que ver con la creación''. Lorenzo considera que los artistas que han persistido desde los años 70 hasta la fecha haciendo su obra, se venda o no, son héroes de la cultura, porque han mantenido su creación libre. ''Para romper con los cánones del mundo mercantil hay que tener valentía e integridad'', asegura.
''Para mí la creación ha sido un proceso difícil y lento, donde he contraído deudas, por ejemplo, con Jesse de los Ríos, un maestro severo, pero su severidad me ayudó enormemente como pintor. Esta exposición es un homenaje a Jesse, como amigo y como maestro''. •
iglesiase@bellsouth.net'Ceremonias de otoño e invierno' de Carlos Díaz Barrios y Alejandro Lorenzo. Hasta el 31 de diciembre. 777 Studio-Gallery, 166 Alhambra Circle, 2do. Piso, Coral Gables. (954) 548-5070.

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